10May
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Necesitaremos los nódulos del kéfir y leche.
En un recipiente cerrado, para facilitar la fermentación, se pone una mínima cantidad de nódulos, como por ejemplo el equivalente a una cucharada sopera y un cuarto de litro de leche. Los nódulos se irán alimentando de la leche y a su vez le transmitirán propiedades de sus componentes.
Es aconsejable dejar un espacio del recipiente sin llenar, y que al fermentar se liberan gases. La temperatura ideal para que el kéfir fermente es de 20 ºC.
El kéfir tendrá un efecto laxante suave si se cuela a las 24 horas, si lo que se desea es un efecto astringente, deberá colarse a las 36 horas. Tras el colado volver a introducir el hongo en la leche.
Los nódulos no se disuelven en la leche y poco a poco van creciendo, por lo que poco a poco podremos incrementar la cantidad de leche a añadir.
Nota: La proporción entre la cantidad de nódulos y de leche dependerá de si se prefiere un kéfir más espeso o más claro. A mayor cantidad de hongo, más espesa será la leche kefirada obtenida y se asemejará más al yogur casero.
El plazo de caducidad es de 28 días.
Los utensilios que utilicemos para preparar el kéfir (recipiente y colador) no deberán ser de aluminio (podrán ser de plástico o de acero inoxidable), ya que este material no es estable en medio ácido como es el kéfir y podría transferirle partículas nocivas.
10May
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Es un fermento compuesto por diferentes levaduras y bacilos que se nutre de leche, obteniendo como resultado una cremosa bebida, parecida al yogur. No pertenece ni al reino vegetal ni al reino animal, puesto que los hongos son una especie autónoma cuya nutrición es similar a la de los animales, pero con un desarrollo similar al de los vegetales.
La doble fermentación que se realiza en el kéfir lo dota de un alto valor orgánico que mejora considerablemente el funcionamiento del sistema digestivo, optimizando la asimilación de los alimentos y aprovechando al máximo lo que ingerimos, obteniendo el mayor rendimiento de los nutrientes y se acelerará el proceso digestivo.
En su fermentación intervienen siete bacterias, frente a las tres o cuatro del yogur, y el suero láctico, donde residen la mayor parte de los beneficios para el organismo, como proteger el aparato digestivo y favorecer el balance de la microflora intestinal, además de ayudar en la digestión y potenciar la función inmunológica.
La principal diferencia entre el proceso de fermentación del kéfir y el yogur estriba en que el primero fermenta la leche mediante una reacción lacto-alcohólica, mientras que la del yogur es sólo láctica. La fermentación del kéfir permite descomponer la leche en nutrientes más simples haciéndola digestiva y apta para personas que no toleran la lactosa. Aporta también microorganismos que regeneran la flora intestinal y compiten eficientemente contra las bacterias patógenas del intestino.
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